ACADÉMICOS DE HORROR

               Me pregunto qué pasaría por mi cabeza si un día me propusieran ingresar como miembro de honor en un organismo al que solamente accedieran destacados especialistas de una materia que yo no domino. ¿Haría acopio del suficiente valor como para aceptar el ofrecimiento y presentarme ante los doctos expertos en dicha materia a sabiendas de que yo no sería a sus ojos más que un vulgar impostor? ¿Tendría por el contrario la decencia necesaria para declinar la invitación, por mucho que la misma colmara mis más bajos deseos de un buen chute de vanidad? Por fortuna, la sabiduría es un club sumamente elitista al que sospecho me será siempre vetado el acceso, lo que me ayuda a no tener que intentar responder a ninguno de los interrogantes anteriores. Lo único que me queda claro es que, caso de que sucediera la hipótesis inicialmente expuesta, cualquiera de las dos posibles posturas ante la misma requeriría una sobredosis de discernimiento y discreción. 

EFEMÉRIDES (II): Fraudes, S.A. (La opinión del experto)

"España compite con otros países que se consideran paraísos fiscales" 

Carlos Cruzado, Presidente de Gestha
Carlos Cruzado es el presidente de los Técnicos de Hacienda (Gestha), muy críticos con la amnistía fiscal del Gobierno, cuyo plazo acaba este viernes con pocas perspectivas de alcanzar el objetivo de recaudar 2.500 millones. Cruzado reclama más recursos y cambios en la Agencia Tributaria para llevar a cabo una lucha eficaz contra el fraude fiscal, que tenga en el centro de mira a los grandes patrimonios y empresas, y no a los pequeños contribuyentes. 

EFEMÉRIDES (I): Malvados, S.A. (Introducción)


Todos contribuirán al sostenimiento de los gastos públicos de acuerdo con su capacidad económica mediante un sistema tributario justo inspirado en los principios de igualdad y  progresividad que, en ningún caso, tendrá alcance confiscatorio. (Artículo 31 de la Constitución Española)

               Un año y una semana después del último golpe de estado electoral, comienzo con una pregunta que debería regir todos nuestros principios en tanto que seres humanos y sociales: ¿la maldad, la trampa, son intrínsecas en nuestro propio interior o somos tal vez seres inocentes que nos vemos empujados a ellas por fuerzas externas? En nuestro país se da la curiosa circunstancia o paradoja de que los mismos que desde sus púlpitos (religiosos y de los otros) nos transmiten la idea de que ya portamos el estigma de malvados a cuestas desde la primera luz (hicieron novillos el día que hablaron de Rousseau en su cole), son quienes más se esfuerzan, por acción u omisión, en impelernos a la sima de la malicia y el ardid. Es decir, o no están muy seguros de lo primero y nos empujan a lo segundo, o sabiendo lo primero, se regocijan en esparcir lo segundo por doquier. Mal o mal, vaya.

8000 LATAS DE SARDINAS


                  Supongo que no me costaría lo más mínimo encontrar motivos para la alegría, siquiera por una sucia sed de revancha, ahora que me entero de otro tsunami de desdicha que se nos avecina. Y es que aún me resuenan en los oídos los multitudinarios aplausos con los que se continúa premiando el castigo inmisericorde hacia el funcionario docente. Sin embargo, mi honestidad me impide, al menos por esta vez, alegrarme del mal ajeno. Leo, y de paso sollozo, boquiabierto y anonadado, el espeluznante dato, calentito aún, de la nueva catástrofe que asoma a la vuelta de la esquina: “Bruselas exige despedir a 8.000 empleados en Bankia y Novagalicia como contrapartida por el rescate al sistema financiero” (elpais.com, 25 de noviembre). ¡Qué irresistible tentación! ¡Qué hermosos cantos de sirena inundan mi maldad! 

EL DESAHUCIO GLOBAL


                Suena música celestial para unos, fúnebre para los más. Violines afinados si te encuentras en el lugar apropiado, timbales tenebrosos si eres la presa del león en el circo romano, baladas románticas en el bando del bien establecido por decreto-ley, himnos solemnes, de difuntos, en el lado equivocado del cañón…


       Acaba de ponerse punto y final a la ejecución del gran desahucio nacional. No, no hablamos de esa oleada general de desalojos que las entidades bancarias han estado llevando a cabo con la silenciosa connivencia del gobierno absolutista de turno. Sobre esa canallada inhumana ya nos hemos explayado a gusto anteriormente. Ahora nos referimos a una expulsión que tiene que ver más con lo humano que con lo material. Se trata de un concienzudo y muy premeditado plan para desalojarnos, en tres actos, fuera del que hasta ayer ha venido siendo nuestro hogar como ciudadanos: el llamado estado del bienestar social.

FONDOS, FORMAS Y MODOS



                Secretamente admiro y reverencio a todos esos congéneres que, día sí día también, me espetan en la cueva de las ideas, como sonoras bofetadas educativas, vigorosas lecciones de sabiduría cruda. Todo lo que duele, enseña (y lo que no mata, engorda).

                   Me hechizan todos esos brillantes genios que, intrépidos y corajudos, le dan la espalda al ruido y el glamour de la gran urbe para permanecer en la sabiduría de su pequeño pueblo y disfrutar de ese lujo excelso que supone ir caminando por la calle y que la gente te dé los buenos días, por muy extraño que seas. De esos conozco a muchos. Me encantan aquellos otros, de estos cada vez hay más, que son capaces de exhibir su elegancia en la forma de sonreír y expresarse, o en la bondad de sus maneras y actos, más que en suntuosos ropajes, engominados tupés y lustroso calzado, quizá porque para mí la elegancia no es más que una dulcinea esquiva y voluble cuyo concepto es tan retorcido que siempre lo maneja el prójimo. Me chiflan hasta la locura quienes, en estos tiempos mondo cane que nos toca vivir, exhiben, en absoluto orgullosos, el valor y la osadía de practicar el noble arte de decir siempre la verdad, así como la disciplina necesaria para poner en práctica dicha virtud. Por suerte aún son bastantes y cada día tengo el honor de convivir con ellos y gozar de su compañía.

RETORNA MELVILLE

                  Releo, como no podía ser de otro modo, a mi muy querido Melville, eterno fugitivo de la humanidad. Para ser exactos me reencuentro con el despojo que de él mismo queda al final de cada una de sus obras, fiel reflejo de su agotada y exhausta vuelta a la civilización, después de un febril y enloquecido periplo aventurero. Y vuelvo a reflexionar, como en cada ocasión en que acierto a tropezar con su presencia, cuán difícil hubo de resultar aquel regreso suyo; qué dolorosa debió ser la reincorporación a la sociedad urbana de tan insignificante pedazo de naufragio humano, perdido muchos años en las aguas de los mares del sur, desertando cada vez de un barco, uno tras otro, como siempre desertó de la vida misma, sin encomendarse a otro dictado que el de la voluntad de una subsistencia que nunca tuvo por suya. Y ese retorno silencioso, tan penoso que su rescate excedió la tristeza misma, se reveló más que difícil, decisivo, determinante para comprender, siquiera en lo más superficial, el languidecer de una existencia que se le apagaba como la tenue luz de una llama, la misma que a duras penas iluminaba su escritura.

DESENMASCARANDO A LOS PATRIOTAS

              
           Permítanme mis imaginarios lectores (lo de imaginarios no es, ni mucho menos un insulto, sino que refleja la poca fe que le tengo a la difusión de este blog y al escaso interés que pongo en ello) que les presente un magífico artículo en el que el profesor Vicenç Navarro procede a desenmascarar contundentemente a quienes, sin serlo, se autoproclaman patriotas. Respondo con ello a su propia petición de difundir el escrito en la medida de las posibilidades que cada cual estime oportuna. Hacía tiempo que no se me aparecía una argumentación tan brillante e incontrovertible: como en un buen thriller, el final es el menos esperado. No puedo más que aconsejar su lectura paciente.


¿Dónde estaba y dónde está ahora el amor a España de los supuestamente patriotas?Esto podría también preguntarse hoy al gobierno de derechas español, que está llevando a cabo el ataque (y no hay otra manera de definirlo) más feroz al bienestar de las clases populares. Hoy se están haciendo reformas que afectan muy, pero que muy negativamente al bienestar de la población, y muy en particular de las clases populares. La evidencia de ello es contundente. Nunca antes en el periodo democrático, el ya insuficientemente financiado Estado del Bienestar español ha estado bajo un ataque tan frontal. Y este ataque se está haciendo para el beneficio de los mismos intereses económicos de siempre: el capital financiero español y el mundo empresarial de las grandes corporaciones, a costa del bienestar de todos los demás. De nuevo, la evidencia de ello es robusta y convincente.

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EL PEOR DE TODOS

"De quien opine que el dinero puede lograrlo todo, es lógico sospechar con fundamentos que será capaz de realizar cualquier cosa por dinero." 

             Nunca se sabe quién es el peor de todos. Eso mismo es lo que me viene a la cabeza cuando leo las recientes declaraciones de otro de mis favoritos, el ministro de economía, Sr. De Guindos, en las que con cara muy compungida (demasiado como para resultar creíble, al igual que aquella alcaldesa no electa a quien en su día ya tuvimos el infortunio de sufrir), pretende aliviarse la conciencia diciendo que se compromete a “que ninguna familia de buena fe se quede sin techo”. 

               Aliviarse se habrá aliviado, presumo, pero otra cosa que la conciencia, porque, desde luego, de ésta carece por completo a juzgar por la desfachatez que se gasta. De lo contrario, habría explicado por qué oscura razón su partido y gobierno (y los de enfrente, que esos también tienen lo suyo, y ya les pillaré llegado el momento) rechazaron en el Congreso, varias veces, por cierto, la propuesta de la dación en pago para evitar desalojos inhumanos. Tampoco ha especificado si se reserva el derecho último a decidir sobre la etiqueta “de buena fe” e imponerla a capricho, o si va a delegar en algún subalterno.

SECCIÓN DE HUMOR (III)


LAS CALLES POR DONDE NO NOS DEJAN PASEAR

  
Permítaseme presentar este maravilloso artículo de Soledad Gallego-Díaz, el cual suscribo sin la menor duda.
          
            Sigmund Freud distinguió una vez entre el duelo y la melancolía. Duelo, explicó, es el dolor, la reacción natural ante la pérdida de un ser amado o de algo más abstracto pero equivalente, como la libertad, la patria, quizá un sistema social que nos pareció razonablemente justo y en el que nos sentíamos cómodos o, incluso, un periódico o una revista al que nos encontrábamos unidos. 

             La melancolía es cuando ese dolor va acompañado por un sentimiento de culpa, cuando se traduce en reproches y acusaciones propias. Entonces, el estado natural de duelo se convierte en una enfermedad morbosa.

SECCIÓN DE HUMOR (II)

Obligados nos veamos a profesar gratitud hacia la impagable dama que tan generosamente suele acudir en auxilio de los necesitados.


¡QUÉ GRAN IDEA: MATEMOS A LOS JÓVENES!

http://www.rebelion.org
            
          Este artículo es un préstamo que tomo (espero que con licencia) literalmente de la web "¡Rebelión!" y su autoría corresponde a uno de mis mayores inspiradores: Humberto Eco. Aunque la situación que refleja esta maravilla (otra más) de Humberto Eco corresponde a la sociedad italiana, su moraleja es perfectamente aplicable a la sociedad española. Después de todo nos parecemos mucho más de lo que creemos o deseamos. 
        Pido disculpas por no hacer comentarios al mismo o por haber rechazado la tentación de modificar su contenido o haberlo usado como fuente de inspiración para un artículo propio: no debe avergonzarnos copiar cuando el original es insuperable. Agradeciendo la comprensión del lector (y poniendo a pureba su comprensión lectora), procedamos:

                    En el anterior número de L’Espresso me divertía imaginando algunas consecuencias, especialmente en el campo diplomático, del nuevo rumbo de la transparencia inaugurado por Wikileaks. Eran fantasías vagamente fantacientíficas, pero se basaban en el supuesto innegable de que, si desde ahora se puede acceder a los archivos más confidenciales y secretos, algo tendrá que cambiar, al menos en los métodos de archivo. 

LA LEY DE LA BOTELLA



    Cuando éramos críos y jugábamos al fútbol en el barrio, a veces se nos escapaba el balón por aquellas cuestas endemoniadas, lo suficientemente lejos como para que nadie quisiera ir a por él. Corría el esférico como alma que lleva el diablo y todos disimulábamos porque nadie quería salir en su busca, más que nada para no tener que afrontar el camino de vuelta cuesta arriba. Pero en uno u otro momento siempre aparecía, sonora y fuerte, la voz de alguno de los más mayores decidiendo quién iba a ser el encargado de rescatarlo. Lejos de resultar un procedimiento arbitrario o caprichoso por parte de quien, sin reglas mediantes, era reconocido como el líder del cotarro, la decisión se basaba siempre en una máxima establecida, reconocida y, sobre todo, respetada por quienes allí estuviéramos: “la ley de la botella, el que la tira va a por ella”. Así que, el autor del zapatazo que había mandado el cuero a tomar vientos era quien debía correr tras él para recuperarlo: una decisión sencillísima basada en el principio de la responsabilidad. En el fondo, no éramos tan infantiles como creíamos.

CON LA ESPADA ANTE EL GRAN DRAGÓN


         El dato es estremecedor y no debería dejar indiferente a nadie que se precie de tener alma: en los últimos cuatro años, se han ejecutado en España 350.000 desahucios. Si las cuentas no me fallan eso significa que 240 personas y/o familias son expulsadas de su casa cada día. Pocos, muy pocos son los crímenes que se cometen en España en semejante cuantía.
        El desahucio es una de las penas más infames y denigrantes que se pueden imponer sobre una persona o familia, y su ejecución expresa con claridad y contundencia cuál es la naturaleza de quien lo demanda. Había castigos en la Edad Media, y antes de ella, que eran mucho menos dolorosos para el ser humano que el ser expulsado de su propia casa. Si una persona pierde su casa, no solo se le priva de su refugio y de su derecho a la intimidad, se le conculca también la dignidad misma, sustrayéndole la posibilidad de ser persona, de comportarse como un ente racional. No se trata entonces de algo tan simple como una privación, es una auténtica destrucción.

¿QUÉ MÁS DESEA LA CONCERTADA?


            No me cabe la menor duda de que España se ha convertido en un país bipolar. Quizá haya sido así siempre, a lo largo de toda nuestra historia, pero tenía la sensación de que en estas últimas décadas habíamos avanzado algo en materia de cohesión social y estábamos en un punto en el que se habían reducido las distancias que tradicionalmente nos habían separado a los unos de los otros. Desgraciadamente, el proceso involutivo que nos está siendo impuesto nos ha hecho retroceder al estado de bipolaridad que mencionaba al principio. Así, por un lado, una inmensa mayoría permanecemos recluidos en una jaula de grillos locos a punto de explotar. Por otro, una minoría, cada vez más cuidadosamente seleccionada por las decisiones del gobierno, vive a cuerpo de rey en un paraíso de lujos y esplendor.
En la jaula de los grillos vivimos tiempos muy difíciles, con peleas internas pérfidamente propiciadas por la propaganda oficial, en los que el conjunto de la sociedad parece hallarse en un estado de abducción permanente que permite que, distraídos como estamos en enfrentarnos unos a otros, nos pase por delante de las narices el grotesco y eterno desfile de dislates que cada día nos ofrecen los orates políticos de turno. La perseverancia en la estupidez acabará por convertirnos a todos. Si nos dejamos, claro.

UN HALLOWEEN HIPERREALISTA, UNOS CARROÑEROS DESPIADADOS


    En el Madrid Arena se vivió un Halloween demasiado realista, una suerte de guión cinematográfico que, como sucede en algunas de  esas películas de terror de clase B o C o D, vaya usted a saber, se convierten de repente en realidad. No estoy tratando, ni mucho menos, de frivolizar sobre el asunto, nada más lejos de mi intención, por favor. Más bien al contrario, soy de los que opina que todo el mundo debería hacer una reflexión seria sobre lo ocurrido y, una vez depuradas las responsabilidades oportunas caiga quien caiga (esto es ficción pura y dura), proceder a poner manos a la obra para que algo así no vuelva a repetirse. Cada uno en su sitio y dentro de la tarea que le corresponda. De momento, ya han surgido los primeros bocazas políticos, apropiándose, por mera suposición, de los sentimientos ajenos, para variar: “Creemos que en este caso los representantes de los madrileños debemos hacernos eco de la necesidad que los ciudadanos manifiestan de que haya un debate serio y profundo de este tipo de eventos, sobre si hay que celebrarlos, en qué condiciones, además de que se cumpla la legislación" (Pedro Calvo portavoz del PP en el Ayuntamiento de Madrid). Sólo le falto rematar “hala, y con eso ya quedamos bien”. ¿Alguien cree acaso que las partes implicadas van a renunciar a las toneladas de beneficios económicos que se esconden tras este tipo de actividades?