GILIPOLLECES TUITERAS


        Lo último en manifestaciones absurdas y desquiciadas nos llega desde Roma, donde un cardenal de esos que de cuando en vez participa, en compañía de una pléyade de poco hambrientos y nada humildes seres humanos, en sesiones de espiritismo humeante a las que dicen cónclaves, acaba de manifestar que Jesús utilizaba el twitter para expresarse. Como dicen ahora los chavales, ¡vaya tela!

Aparte el espeluznante escalofrío que produce pensar que a estas horas ya habrá todo un rebaño de sorayitas y cospedalinas a las que a buen seguro ciertos orificios se les habrán hecho gaseosa al oír la memez cardenalicia, parece ser que entre las filas de la curia hay una oculta competición en pos de protagonismo verborreante y que algunos de sus miembros, caducos y oremus perdido siglos ha, ya no saben ni cómo maquearse para la performance. Quiero creer que en realidad lo que ha intentado el orondo capelado -de nombre Gianfranco Ravassi-, aparte el baño en el lodo del esperpento, es hacernos creer que algunas de las expresiones más famosas que le son atribuidas a su profeta podrían compararse con aquellas que se usan en el popular medio social. Cualquier otra interpretación resultaría descabellada.

MUTIS



       En la involuntaria vigilia me asalta la noticia: ha muerto Mutis. Y, como no podía ser de otro modo, me abalanzo sobre el azul tomo que contiene las pesadumbres y peripecias de su alter ego, del inolvidable Maqroll el gaviero, marinero fuera de cualquier tiempo y lugar sensatos. Paso por encima de Ilona llega con la lluvia, a la que una filmografía llena de actores que siempre me resultaron bastante desagradables dejó marchita, desprovista de su original belleza, y me quedo, una vez más (y mil me quedaría si tuviera vidas para otros tantos repasos), atascado en el lento discurrir de Un bel morir, la épica narración de un viaje a ninguna parte, del eterno retorno a los páramos y a las selvas, y viceversa. Y ahí descubro, pues no lo había percibido tras la primera lectura hace ya unos años, que Álvaro Mutis se pasó su larga vida escribiendo para que ahora, hoy mismo, el día de su propia muerte, toda su obra cobrara sentido. Ahí radica su grandeza literaria, en ese detonador temporal que se encontraba escondido en su narrativa y que acaba, con la noticia de su fallecimiento, de activarse, desvelando de ese modo el misterio que cada línea de cada relato ha venido cobijando en su interior desde que se produjo en los abismos mentales de su autor:

Todas las esperas. Todo el vacío de ese tiempo sin nombre, usado en la necedad de gestiones, diligencias, viajes, días en blanco, itinerarios errados. Toda esa vida a la que le pide ahora, en la sombra lastimada por la que se desliza hacia la muerte, un poco de su no usada materia a la cual cree tener derecho.

Días después, la lancha del resguardo encontró el planchón varado entre los manglares. La mujer, deformada por una hinchazón descomunal, despedía un hedor insoportable y tan extenso como la ciénaga sin límites. El Gaviero yacía encogido al pie del timón, el cuerpo enjuto, reseco como un montón de raíces castigadas por el sol. Sus ojos, muy abiertos, quedaron fijos en esa nada, inmediata y anónima, en donde hallan los muertos el sosiego que les fuera negado durante su errancia cuando vivos.

       No consigo amainar la sed que me provoca tanta desesperanza, la desazón ante tan errabunda sensación, y el sol me sorprende apurando La nieve del almirante, el apocalíptico periplo a través de las selvas que rodean el sinuoso trazado del río Xurandó. La prosa, aun espesa, fluye como el caudal del propio río, lenta, intensa, asfixiante, y me lleva a estrellarme sin remedio alguno, primero contra la exuberancia del ambiente y el paisaje, después contra la irrealizable mezcla de historias improbables que acaecen en una pequeña embarcación. De nuevo la muerte cae como fina e invisible lluvia sobre la narración, como telón de fondo que oculta y muestra intermitentemente, a capricho, el insignificante valor de la existencia humana frente a la mudable voluntad de la naturaleza:

Todo lo que digamos sobre la muerte, todo lo que se quiera bordar alrededor del tema, no deja de ser una labor estéril, por entero inútil. ¿No valdría más callar para siempre y esperar? (…)

En el Crac de los Caballeros de Rodas, cuyas ruinas se levantan en un acantilado cerca de Trípoli, hay una tumba anónima que tiene la siguiente inscripción: “No era aquí”. No hay día en que no medite en estas palabras. Son tan claras y al mismo tiempo encierran todo el misterio que nos es dado soportar.

¿En verdad olvidamos buena parte de lo que nos ha sucedido? ¿No será más bien que esta porción del pasado sirve de semilla, de anónimo incentivo para que partamos de nuevo hacia un destino que habíamos abandonado recientemente? Torpe consuelo. Sí, olvidamos. Y está bien que así sea.

         ¿Cómo calificar la obra de Mutis? ¿Cómo recompensar a quien dilapidó toda una vida en el afán literario con el único fin de ser entendido una vez muerto? Desisto de tan imposible afán.

Sólo sé, en mi modestísima opinión de lector apenas empedernido, que quien acierta a leerlo termina sucumbiendo a la eterna condena del recuerdo; que, como el Bartleby de Melville, el Maqroll de Mutis siempre regresa a nuestra orilla, arrastrado por la fuerza de ese mar vital que nos mece la conciencia sin pausa alguna.

Cierro, al fin, el grueso volumen y, suspendida ya mi vitalidad, detenido un instante el palpitar, finalmente comprendo.

E.P.C. A GRITOS



        Salgo al exterior del hospital (ha sido una semana de cirugía familiar) en busca de mi hija, pues a esa hora termina sus clases en el instituto que se encuentra justo enfrente. Mientras espero en la esquina, percibo el característico sonido que produce un mando a distancia en un coche y que precede a la apertura de sus puertas: click-clik. Justo a mi lado observo cómo una familia de lo más típico -dos adultos y dos menores- llegan caminando desde un colegio cercano y se disponen a cargar mochilas escolares en el maletero del vehículo. De pronto, el padre comienza a proferir exabruptos gruesos en voz alta: “pero, ¿qué cojones es esto? ¿Educación para la Ciudadanía? ¿Cómo es qué le han dado este libro?” Tengo la impresión de que el sujeto parece percibir que no hay demasiada gente que le escuche y que, movido por algún secreto afán de protagonismo, decide elevar, aún más, el tono de su voz, al punto casi de gritar y adornar sus expresiones con dosis más altas de contundencia verbal: “Me cagüen la puta, ¿a ti te parece normal que le enseñen esta bazofia a un niño de 9 años? Es para ir y matarlos a todos. ¡Qué sinvergüenzas! ¡Vaya mierda de educación!” Su acompañante intenta aplacarle con femenina serenidad: “¡Pero, no grites de ese modo, hombre, que la gente no tiene por qué oírte chillar así!” Pero es inútil, el sujeto continúa descargando improperios a diestro y siniestro mientras maquinalmente realiza todas las operaciones de acceso al coche: “¡No pienso callarme, como pille al cabrón que le ha dado este libro al niño le mato!” Ahora ya sí, al oír el griterío casi todos los viandantes se vuelven a mirar al energúmeno. Misión cumplida.

ENVIDIA DE LOLA Y ANTONIO



            
María Abad y Manuel Serrano. CNIO
El descubrimiento científico de más rabiosa actualidad consiste en
haber conseguido reprogramar células adultas simples y convertirlas en células madre embrionarias dentro de un ser vivo. En mi limitada sabiduría científica, la aplicación futura más plausible para este hallazgo implicaría la reparación e incluso regeneración de nuestros órganos dañados, haciendo que los mismos vuelvan a ser como antes. No se trata tan sólo de chapa y pintura biológica, sino de algo aún mejor. Hay un magnífico artículo al respecto publicado en la revista Nature (resumen aquí), aunque hace falta saber un poco más de Inglés que cierta alcaldesa sin complejos (no es difícil) y ser algo experto en materia celular para poder saborearlo del todo.

LA ISLA (II): Afterword



    Desde niño había el lector caminado aquella larga extensión de arena, arriba y abajo, kilómetros de pisadas que quedaban brevemente marcadas en el suelo, a merced de la voluble voluntad de un oleaje que, mitigado, cansado, diríase exhausto por el denodado esfuerzo de arrancarse de las entrañas una fina línea de espuma con la que embellecer su esencia líquida, caía suavemente desplomado sobre la orilla. Y siempre, en cada periplo, en cada paseo, ella, la isla, había estado allí, quieta y serena, pero a la vez intrigante y, sobre todo, desafiante, arrojándole altiva el invisible dardo, susurrándole tentadora las palabras de su venenoso conjuro: ¿vendrás algún día?

LA ISLA (I): La ficción y la realidad.



    El lector se había sumergido en las profundidades de mil y un libros; había saboreado la lectura de intrincadas novelas y hermosos relatos, ya fueran largos, ya breves; cándidamente se había dejado hechizar por entrañables cuentos y por ficciones fantásticas; se había asomado tímidamente al mundo de la erudición a través de divulgaciones científicas y sesudos ensayos. Sorbo a sorbo, paladeando las infinitas texturas y aromas del saber, como un sumiller en ciernes, había ingerido el elixir de toda una pléyade de obras literarias cuya presencia en su interior vital le proporcionaba un gratificante estado anímico -a caballo entre la euforia y el sosiego- y cimentaba el edificio que daba cobijo a su intelecto, a la esencia más humana. Sentía la literatura como un vigoroso propelente para sus ideas y, fundamentalmente, para su imaginación, a la que consideraba la ganzúa con la que doblegar todas y cada una de las puertas del laberinto de los sueños. La totalidad de su existencia empezaba y terminaba en las páginas de los libros.

ODIOSAS COMPARACIONES

Desde su medio digital, el periodista (deberían ir todas en mayúsculas) Ignacio Escolar vuelve a poner el dedo en la llaga de la verdad con la profundidad de sus análisis, dejando con las partes pudendas al aire a más de uno y una. En el artículo de hoy nos cuenta brevemente las diferencias existentes entre un país con un gobierno serio y otro regido por una banda bananera en materia de divulgación de la información sensible. Lo reproduzco en el blog porque realmente merece la pena. Espero que les guste.


Información privilegiada para esconderse del caso Bárcenas



La infografía es del Wall Street Journal y es bastante clara. Muestra cómo se transmiten los datos del paro en Estados Unidos. Los periodistas llegan a una sala donde tienen que dejar todos sus aparatos electrónicos. A las ocho de la mañana, cruzan un detector de metales y entran en una habitación, incomunicados. Les dan la información embargada y tienen una hora para trabajar con los datos; hay inhibidores de tecnología inalámbrica y gruesos muros de hormigón para evitar chivatazos. Solo a las nueve en punto, siempre el mismo día, siempre a la misma hora, pueden transmitir la noticia. Nunca se filtra antes.  
Eso es Estados Unidos. Esto es España, donde una dirigente política que ni siquiera forma parte del Gobierno puede presumir de los datos del paro y adelantar esa sensible información un día antes. Todo sirve para esconderse del pringoso caso Bárcenas.
María Dolores de Cospedal no tiene nada que contar sobre sus mentiras, sobre ese “despido simulado y en diferido” que ayer se demostró como falso. “Yo ya he dicho todo lo que tenía que decir”, responde sin responder, sin explicar esa extraña negociación que mantuvo el editor de La Razón con Luis Bárcenas. Tampoco sabe aclarar quién ordenó destruir los discos duros de su extesorero en mitad de una investigación judicial y solo insiste en que el PP “respeta la ley” y “colabora con la justicia” (y lava más blanco). Ni siquiera es capaz de explicar por qué motivo se pagó 300.000 euros de finiquito al sucesor de Bárcenas, a pesar de que solo tenía seis años de antigüedad en el puesto. “Porque se decidió así”, es su única respuesta. La generosa indemnización es, al 90%, dinero público que sale de nuestros impuestos, pero la reforma laboral no se hizo para ellos.
La rueda de prensa de Cospedal, pese a todo, es sintomática. Demuestra que no pasa nada, que la Liga está ganada, que en el PP tienen ya claro que la sangre nunca llegará hasta el río, que Rajoy aguantará el envite y que el Gobierno apuesta, doble o nada, a la esperada recuperación económica. ¿El caso Bárcenas? Es probable que al final se quede judicialmente en nada: el PP confía en que Pablo Ruz pronto archivará el caso mientras bajo el tapete se cierran los flecos sueltos. La gran duda ya es otra: con quién habla ahora el abogado de Bárcenas y qué se negocia. El PP destruyó dos discos duros. Hay un tercero.

El Ejecutivo cena con el Judicial en Marbella
María Dolores de Cospedal, el ministro Miguel Arias Cañete y Eduardo Torres Dulce –fiscal General del Estado de vacaciones pompeyanas–, cenaron juntos en Marbella hace apenas diez días. A esto lo llaman “separación de poderes”.

(por Ignacio Escolar, www.eldiario.es, 03/09/13)
Ignacio Escolar