NOVIEMBRE ERA UN BOSQUE



        Noviembre ha sido un bosque que ya toca a su fin. Parece llegado el momento de vislumbrar la salida, de dejar atrás sus oscuros piélagos, la bruma incesante, el silencio agobiante; es tiempo de abrazar la claridad y quebrar las sombras que como árboles lúgubres practican el macabro juego de aparentar algo que en realidad no son. O sí. Treinta amaneceres atrás, una vez adentrado en sus tupidas entrañas, el sentido cayó rendido y calló aturdido, el marasmo poseyó la lucidez y el norte se perdió errabundo, en huida ciega, pues las sendas de los bosques desparecen cuando no se transitan, cuando sin Caperucitas, Pulgarcitos, Hansels, Gretels o Enanitos que los hollen cada jornada, los caminos acaban por anegarse, ocultos bajo la hierba, tornándose invisibles. Eso mismo ha sucedido este infausto noviembre en el que los senderos del blog se borraron súbitamente, de tanto no usarlos, y se perdió la comunicación con el mundo exterior (si es que alguna vez la hubo). Así que se ha de poner fin a la larga travesía por esta espesura tétrica de un noviembre, otro más, viscoso y gris, penumbroso y espectral, vasto y solitario, hediondo del acre aroma del infortunio y la monotonía. Ha llegado pues la hora de refrenar la fuga y, antes de que esta floresta concluya transmutada en selva impenetrable, reabrir las viejas sendas cuyas huellas el miedo ha hecho abandonar.

EL PACTO



                Una sensacional disección de la conspiración en que vivimos inmersos, mal que les pese a muchos descreídos de todo lo que no huela a incienso ni se anude al cuello bajo la americana.


El pacto entre la política y la banca es la causa de nuestros males (por Carlos Elordi)

Con o sin rescate, todo va a seguir con un Gobierno en función de la banca, con una enorme deuda bancaria y también pública, con las amenazas sobre nuestra prima de riesgo, con más de 6 millones de parados y sin que nadie se levante para exigir que se rompa el pacto entre la banca y la política.

CONJURADOS SIGUEN LOS MALVADOS



          De todo lo que se ha dicho hasta ahora (que poco no ha sido, la verdad) sobre la mayor vergüenza política de este país, yo me quedo con este artículo que reproduzco a continuación. Que después de lo sucedido algunos todavía se atrevan a salir a la calle y decir que son los grandes salvapatrias de nuestra historia constituye el mayor ejercicio de desfachatez del que se tiene memoria. Pero, bueno, dejemos que los narradores expertos y sabios lo expresen mejor de lo que este humilde blog podría.

CALDO AMARGO DE ALQUITRÁN

La sentencia del Prestige es un clavo más en el ataúd en el que están enterrando a la democracia en España

El juicio ha terminado siendo otra rúbrica a la evidencia: la corrupción y la ineptitud de gobernantes de la derecha nunca serán castigadas en los tribunales. Y, lo que es mucho peor, indica que el poder judicial no es un poder autónomo como asegura la Constitución y, protegiendo a los poderosos, niega el derecho a la justicia a la ciudadanía. En este caso es evidente que no ha habido justicia y que la impunidad la pagamos todos.

Pero no es una sentencia absurda; es coherente con el sumario que se fue instruyendo durante una década. El juzgado de Corcubión, un pueblo en la Costa da Morte, sin medios para afrontar una instrucción monstruosa; jueces provisionales; la Fiscalía del Estado que ignoró conscientemente que el Estado somos los ciudadanos y no los responsables políticos; políticos que siguieron contando con el respaldo de la población... Cómo no iban a salir impunes los responsables de las irresponsables decisiones que transformaron un naufragio peligroso en una enorme catástrofe ecológica. Esas personas no llegaron a ser imputadas ni a sentarse en el banquillo, la justicia las absolvió de antemano y los ciudadanos les dieron también su plácet.

JUSTICIA AVERGONZADA