DANNY LO ARREGLARÍA



        Me viene a la cabeza el gran Danny DeVitto nada más leer el post titulado La paradoja del referéndum, publicado en Vora la Platja, el magnífico blog del siempre admirado, por admirable, Xavier Massó, en el que su autor plantea una hipótesis paradójica, un problema brillante: parece que todo el mundo cree que, en el supuesto de llevarse a cabo un referéndum a nivel nacional para que todos los españoles manifestaran su opinión acerca de la independencia de Cataluña, sólo en la esquina nororiental del mapa se recogerían respuestas afirmativas, mientras que allende el Ebro todo sería un gigantesco no. Pues bien, como la posibilidad de que las cosas no sean siempre como uno cree, ya saben ustedes que torres más altas han caído, entiende Xavier que cabe preguntarse qué pasaría si en Cataluña ganara el “no” a la independencia y en el resto de España ganara el “sí” a dicha separación. El dilema sería fantástico y pondría a prueba la capacidad mental de todo hijo de vecino.

LO INSOPORTABLE

"La economía española se recupera sin tocar la educación ni la sanidad públicas y gracias al esfuerzo de todos, especialmente de los que más tienen." (Carlos Floriano, Vicesecretario del PP, 23/01/2014)

 
Con el debido respeto, váyanse a insultar a otra parte: los imbéciles son ustedes.





HERENCIA



        Leo en un periódico (de esos que sirven para rellenar los huecos en la mesa de la sala de profesores) que el gran capo de una de las mayores sectas religiosas del planeta ha dicho, así, a quemarropa y sangre fría, que no hay herencia más valiosa de padres a hijos que la que supone el legado de la fe cristiana. ¡Che! ¿Viste? Y he tenido que enterarme de la boludez precisamente hoy, que como una cruz a cuestas porto cuerpo revoltoso y ánimo pendenciero a causa de una jornada glaciar en las aulas, que, como el tango, me ha dejado fané y descangayao al comprobar que el termómetro no llegaba a las dos cifras. Así que, de súbito, me asaltan el alma y me avasallan la cabeza una enormidad de hieles cainitas y, por qué no decirlo, improperios irreproducibles apenas contenidos, una oleada de inquina, un abordaje violento al modo en que los filibusteros de antaño, los de pata de palo, ojo de vidrio y cara de malo, se conducían en plena andanada contra el bergantín hispano. Decir furia, pues, sería quedarse muy corto.

CASUALIDAD INOCENTE



               En ocasiones cuesta un mundo creer en las casualidades. Ni con el disfraz de bebé. Por eso mismo, me está resultando muy difícil tomar como verosímil la posibilidad de una mera coincidencia el hecho de que haya acabado de releer la gran novela del siglo XX, Los santos inocentes, de Miguel Delibes, justamente durante las pasadas navidades.
             
Metido de lleno en la lectura de tan excelente denuncia moral contra el latifundio, la injusticia social, el abuso, la ignominia y las consecuencias que la jerarquización brutal de la sociedad tiene sobre la vida de los individuos -deshumanizando a los menos favorecidos-, no me percaté de lo que estaba sucediendo aquí mismo, en nuestro entorno, en lo que popularmente llamamos el mundo real. Ciertamente no acerté a descubrir ni el fondo del asunto, los enormes parecidos entre el relato del otro Don Miguel y la situación social actual, ni la forma del mismo, la mecánica casposa del cortijo plasmada en esta cobarde nocturnidad con la que nuestros dirigentes canallas se conducen, una vez más, hacia los menos favorecidos, hacia los ciudadanos de a pie.

LITMUS TEST



                Litmus test es una expresión inglesa que suele utilizarse para hacer referencia a cualquier prueba concluyente, a todo examen definitivo que sirve para determinar fehacientemente la naturaleza de algún problema o cuestión sobre los que puede existir algún atisbo de duda. Superando el difícil escollo de la traducción, el equivalente en nuestra lengua podría ser o bien la hora de la verdad, si es que nos referimos al momento en el que tiene lugar la comprobación, o bien, utilizando una fórmula importada del mundo de la publicidad, la prueba del algodón. Verbi gratia.

Llega pues el año nuevo cargado de expectativas y augurios grotescamente voceados por los augures oficiales: todo va a ser maravilloso, vino y rosas, desayunos en Tiffany’s, la leche en polvo, vaya; aunque para muchos, ya saben, estos ingratos y obcecados pesimistas de toda la vida, esa plebe harapienta que subsiste de la caridad y las inmundicias ajenas, 2014 se presenta, cómo no, descorazonador, al modo de un espejo cóncavo en el que mientras uno porfía por descubrir el futuro, no deja de percibir el pasado. Caeteris paribus.