CONFIESO



        En ocasiones duele la vida. Mucho. Demasiado. Tanto como para sacar lo peor de cada uno al exterior, para convertirnos en bestias incontrolables, en cólera pura e ígnea. A veces duele el coraje y hasta la hiel misma al percibir, como un cuchillo lacerante, la hipocresía vitaminada y generalizada con que tantos y tantos se dejan abducir por los raptos de la ficción a la vez que se entregan a la desalmada indiferencia ante la cruda realidad. Siempre me maravilló comprobar cómo algunos ensalzan, abrazan, idolatran la verdad y la sinceridad como virtudes supuestamente inquebrantables, cómo enarbolan al viento ajeno su estandarte engalanado de franqueza, cómo odian y persiguen al mentiroso mientras que, para pasar su tiempo libre, se drogan hasta el éxtasis con engaños cinematográficos, previo pago por un chute de manipulación anímica. Lo siento, pero no lo entiendo.

Hoy es uno de esos días aciagos e infaustos en los que me ha tocado ver el dolor cara a cara, y he tenido que escuchar a gentes, de esas que envueltas en bellos ropajes se autoproclaman “de bien”, conmoverse con el anuncio de la lotería y felicitarse por la manifestación a favor de la vida para, a continuación, mirar hacia otro lado, mintiéndose cobarde y descaradamente a sí mismos, cuando el noticiero mostraba el rostro, inundado de lágrimas y congoja, de una anciana expulsada de su casa o se informaba de una secta de pederastas de sacristía. El insulto ha resultado soez y la repugnancia nauseabunda.

Confieso, querida Carmen, que me he portado como un cobarde y no he acertado a ayudarte, en tu injusto e ignominioso abandono, con las palabras firmes y los argumentos serenos que tu defensa precisaba. No he sabido estar a la altura de esa pleitesía venerable que os debo a los de tu edad y me he batido en retirada con mucha, demasiada, furia sañuda y vehemente y escaso, diríase nulo, éxito. Confieso que hoy ha sido uno de esos días en los que, para mi desgracia, he llegado a aborrecer a mi prójimo cainita con todas las fuerzas que me van quedando y que he tenido que darle gracias a quienes me pusieron en este mundo por haberme creado pacífico, un heredero de aquella sociedad que el viejo Franklin creó en Filadelfia y a la que denominó “The Society of the Free and Easy”, en la que sólo tenían cabida las buenas voluntades.

Confieso, en suma, que esta oscura jornada de mi crepúsculo vital ha resultado peligrosa, casi tanto como yo mismo, y que me ha costado un infinito sobrevivir sin hundirme en el pozo del crimen.  

Ma l' animale che mi porto dentro non mi fa vivere felice mai


"EL SER HUMANO ES..."

El ser humano es ese extraño ente al que, si le dices que acabas de pintar una pared, pone el dedo para ver si dices la verdad y la pintura está fresca. Sin embargo, si le cuentas que hay un hombre superior y con barbas, con el dominio del bien y del mal, que crea a una mujer de una costilla, y que tiene hijos engendrados de un palomo, el ser humano no necesita comprobarlo. Cree.

Préstamo tomado del artículo "Rosas y espinas" (del periodista Aníbal Malvar) cuyo contenido debería conocer cualquiera que por humano, sensato y civilizado se tenga.

UN CHUTE DE HYPOKRITES



      ¿Recordamos la polémica surgida en la piel de toro pulgosa sobre los comentarios más bien grotescos vertidos vía internet hacia la difunta finiquitada en el tiroteo del OK Corral leonés? Se dijo entonces, a voz en grito y biblia en ristre, que había que endurecer la ley para castigar este tipo de inaceptables expresiones en las redes sociales. Así, como suena, con voces graves y solemnes, muchas mayúsculas y todo lleno de signos de exclamación.

Sin embargo, y tal y como nos maliciábamos algunos, aquello resultó una farsa, otra más, la escenificación de un sainete de muy baja estofa representado sobre una enorme charca de sucia y maloliente agua de borrajas. Y como diría el Pelusa, el asunto tenía más truco que el mago. Nada extraño, por otra parte, sino más bien lógico, especialmente si tomamos en consideración cuán ventajistas se conducen los mozalbetes y las mozalbetas que habitan y estrujan las ubres de la vaca nacional, los dueños del cortijo, vaya.

LA EJECUCIÓN



          El nuevo concepto de moralidad y honestidad que el partido impopular está impulsando entre sus acólitos y demás abducidos está alcanzando cotas insuperables de desfachatez y, por extensión, desprecio a la ciudadanía. Que los que han mamado la herencia del dictadorzuelo sobrevivan al abrigo del despotismo no es algo que deba pillarnos por sorpresa, en sus genes está y es cuestión a la que, mal que peor, andamos ya acostumbrados, pero la aparentemente ilimitada dimensión de su vicio sí que reta nuestra capacidad de asombro y la conduce a los más lejanos confines de la estupefacción. El (pen)último ejemplo lo constituye un tal Carlos Muñoz, diputado del citado partido en el Congreso de Aragón, en representación de Teruel, quien se ha visto forzado por las circunstancias (como el presi cada vez que ha incumplido sus promesas) a renunciar a su acta como tal tras haber sido pillado infraganti en el mismo pecado del ya infaustamente famoso Monago, ya saben, el de los viajes a Canarias en plan puterío, gastos pagos por el súbdito (que para semejante menester estamos, ¿verdad, Sra. Condesa consorte?)

ESTULTICIA E HIPOCRESÍA, PAREJA DE HECHO



     El último esperpento chusco del teatrillo patrio se puede contemplar, cómo no, en el Ministerio de mala Educación e Incultura, lleva por título Ciscándose en la especialización y presenta un elenco de meritorios de lo más lamentable, ya saben, un tipo con jeta de loco y apenas una idea aceptable en la cabeza y un ejército de maleantes sindicalistas. La obra promete, no crean y malicio que hasta el mismísimo Groucho Marx habría sido rechazado como guionista de tan bufa comedia.