LA LISTA



Uno recuerda, con bastante dolor, por cierto, y dada la miserable naturaleza de la acusación, cómo los medios afines al gobierno y algún que otro ministro (posiblemente al dictado de dichos medios) nos martillearon la conciencia sobre el dinero que Grecia nos debe a cada uno de los españoles. Lo hicieron justo cuando se hallaba en plena ebullición el caldero griego, en cuyo interior se cocía el golpe de estado económico que una banda de rufianes llamada troika estaba llevando a cabo en ese momento sobre la soberanía democrática del país heleno. Y obviamente lo publicitaron, al más puro estilo goebbeliano, con el afán de soflamar la conciencia colectiva, de llenar de ira y encono los espíritus más débiles (lo que tradicionalmente se denomina putear el ambiente) contra la voluntad popular de los griegos.

             La estratagema, como todo mensaje que llueve del cielo gubernamental, tuvo su efecto tan repartido como la lotería navideña y así algunos, los más abducidos, se lo creyeron, otros se lo tomaron a broma, condonando simbólica y verbalmente en las redes sociales su particular deuda a los griegos, y los más, los mismos a los que generalmente nunca les toca la lotería, simplemente ni se enteraron del asunto.

            El caso es que el ministerio de uno de los más recalcitrantes defensores de aquella teoría de la deuda interciudadanos, la Hacienda de Montoro, acaba de hacer pública la lista de los más grandes morosos españoles con respecto al erario público. Y por los más grandes se quiere hacer referencia a aquellos cuya morosidad se mide en cantidades por encima del millón de euros, cifra que tiene un noséqué y que además supone una suerte de quimera inalcanzable para la gran plebe.

           Pues hete aquí que los datos son reveladores: 19.820 millonazos de euros que no han pasado por las arcas en las que la inmensa mayoría de ciudadanos, los honrados -genéticamente o a la fuerza-, depositan su diezmo diaria, mensual y anualmente. E insisto, sólo en lo que se refiere a morosos de más de un millón de euros. Sospecho que habrá otra pequeña legión de defraudadores menores cuyos datos terminen por no salir a la luz.

             Uno se pregunta acerca de a qué dedica sus esfuerzos el ministerio del miedo, perdón, de Hacienda, y hacia qué tipos de contribuyentes enfoca sus esfuerzos fiscalizadores. Incluso, siendo más maliciosos, cabe preguntarse asimismo de qué instancia emana la orden de no estar más diligentes con estas grandes fortunas que practican tan descaradamente la evasión fiscal y, por el contrario, apretar las tuercas al currela asalariado, cuyos dineros, por cierto, no son más que habas contadas. El abanico de posibles respuestas es tan reducido que aterra al espíritu honrado y demócrata, pero no es, ni mucho menos, la parte más dolorosa del asunto.

                 Lo peor de este caso es que ahora no habrá ni un solo sicofante (gracias por la enseñanza, Xavier), ni uno solo de esos medios periodísticos adictos al baboseo institucional (exclusivo para la derecha, por supuesto) que se digne hacer una simple regla de tres y saque y publique las conclusiones oportunas. No habrá ni un solo ministro o gobernante que se sienta obligado a explicar al ciudadano fiscalmente honrado que si la deuda griega con España es oficialmente de 29.080 millones de euros y eso supone que, según el pérfido enfoque de la manipulación, cada griego debe 500 euros a cada español, ahora mismo, esos 19.820 millones que las grandes fortunas deben a cada uno de nosotros ha de traducirse en 340 euros por barba española. Ojo, antes de abrir la boca y meter la pata, tengamos en cuenta que, ut supra, se trata solamente de las deudas superiores al millón de euros en cada caso, y que sumando el resto de la morosidad de menor escala a buen seguro se alcancen sobradamente los 500 euros.

                Yo fui uno de los que secretamente decidí que estaba dispuesto a perdonarle a mi alter ego deudor griego los 500 pavos famosos, pero a lo que no estoy dispuesto es a que el tío que vive en la mansión al final de la calle o en lo alto de la colina no me devuelva mis 340. Eso jamás.

               Al parecer no soy el único que piensa así, visto lo visto recientemente en las urnas, pero por desgracia, hay otros muchos que, insufladas las soflamas antigriegas en sus débiles mentes y azuzada su conciencia patria hasta alcanzar el furor de la llama ardiente, zarandearían al mismísimo Zorba para cobrar, pero se mearían la enagua ante cualquiera de los que aparecen en el listado recién publicado. Por lo general, los mismos que en la vorágine de estos fastos navideños se concentran todo lo que pueden en aullar improperios contra un grupo de catalanes que se quieren ir a no se sabe dónde, tan sólo con el único propósito de sacudirse de encima el miedo al abismo que supone no tener en la cartera para gastar ni la milésima parte de lo que en años anteriores tuvieron. El orden de prioridades en nuestro subconsciente (o donde quiera que se almacenen esas cosas) es un poco como los colores y los gustos.

              ¿Un vaticinio quinielístico? Que si del tejemaneje politiquero que se nos avecina vuelve a surgir la figura de un presidente percebe y plasmático y un gobierno de la derecha más extremadamente económica, no me cabe la menor duda de que la primera medida, como hace justamente cuatro años, que aparecerá en el BOE será una (otra) ley de amnistía fiscal. Y adiós no a los 340 pavos, sino a otro puñado de hospitales públicos y gratuitos, a otro montón de centros educativos, a otra millonada de parados sin recursos, etc. Y el ciclo seguirá repitiéndose ad eternum.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada

Muchas gracias por tu aportación.