LOS PRIMEROS DE LA CLASE

El retroceso en  nuestra salud democrática es más que evidente después de estos tres larguísimos, diríase eternos, años de gobierno de la derecha más dura. La higiene de nuestros derechos avanza firme e inexorablemente hacia la misma situación que sufrieron nuestros antepasados antes de la caída del Antiguo Régimen. La batalla de Yorktown y el asalto a la Bastilla no sirvieron para nada porque en este país de gobernantes botarates y delincuentes muchos de los apostados a ambos lados de la línea social se saltaron esos temas en las clases de Historia. Y como los necios han hecho dejación de sus obligaciones políticas, hemos acabado siendo sometidos por los tataranietos de los déspotas.

    Un apunte al respecto: "Lo cierto es que con esta reforma [del artículo 573 del Código Penal] triunfará en nuestro país, sin paliativos, el derecho penal del enemigo; ese estado de excepción al que ya contribuía la trilogía de la represión: la reforma del Código penal, la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana, y la Ley Orgánica de Enjuiciamiento Criminal, hoy en trámite parlamentario. Enhorabuena. Cuando esta trilogía entre en vigor, veremos limitado hasta lo inane nuestro derecho de expresión, manifestación y reunión (arts. 20 y 21 CE), así como el derecho constitucional a la tutela judicial efectiva (art. 24 CE), y habrá registro de infractores reincidentes, auténticas listas negras, para los obcecados. Se endurecerán las penas sin justificación, se penalizará la legítima protesta y la contestación social, y se criminalizará la pobreza y la solidaridad, olvidando aquellos comportamientos que mayor perjuicio causan a la sociedad en su conjunto (como la corrupción política y el fraude). Se instaurará un auténtico Estado policial en el que será más difícil perseguir las diferentes formas de violencia institucional. Y buena parte de todo esto sucederá sin control judicial y sin las preceptivas garantías procesales."

    El texto pertenece a un excelente artículo publicado por María Eugenia R. Palop, cuya lectura debería ser de obligado cumplimiento para quienesquiera que se tengan por demócratas y está disponible en este enlace.

    Como dice la autora, somos ya los primeros de la clase en represión de libertades. A partir de ahora, además, mucho cuidado con alborotar porque la interpretación de nuestro alboroto, y su posible permuta en asunto de terrorismo, recaerá en primera instancia en las fuerzas de seguridad del estado (policial), es decir, en agentes de policía. Intuyo que no se asustarán si les digo que uno sinceramente prefiere que sea un juez quien dictamine al respecto. Da la impresión de estar más versado y mejor preparado en esto de las leyes, ¿verdad? 

    Parece ser que nuestro gobierno no opina lo mismo y prefiere hacer las cosas a la antigua usanza, ya saben, sacudiendo primero, preguntando después. Y todavía tienen las santas agallas de decirnos que son ellos o la nada.

EL PADRE DE MICHAEL JORDAN

     Se ha ido Dean Smith, uno de los grandes. En palabras de sus jugadores, the dean of coaches, (el decano de los entrenadores), a coach, a teacher, a friend (un entrenador, un maestro, un amigo).
                 
        Él fue el inventor de mil y un nuevos sistemas de juego (el trapping, el ataque de cuatro esquinas, etc) y además el descubridor de una interminable pléyade de estrellas: Charlie Scott (el primer jugador de raza negra en participar en la ACC, la conferencia más dura de la NCAA), Bobby Jones, Bob McAdoo, Mitch Kupchak, James Worthy, Phil Ford, Sam Perkins, Brad Daugherty, Vince Carter, Rasheed Wallace o Antawn Jamison. Pero son ningún género de dudas, el más grande de todos los méritos de Dean Smith fue regalarnos a uno de los mejores jugadores de la historia del baloncesto: Michael Jordan.