DISAPPEARING TAIL LIGHTS

       Los dueños de esta parte del mundo ya han comenzado a enfriar la situación, a rebajar tensiones, a usar el tiempo en su favor, omnipotentes como son, amos y señores, vía dinero, de cuanto les viene en gana. Y los ecos del cataclismo social del pasado fin de semana empiezan a apagarse como viejos rescoldos de fogatas abandonadas. Son ya, en realidad, esas luces rojas traseras de los vehículos que se descuelgan a lo lejos por el borde del horizonte. Tail lights.
         
            Secretamente albergábamos el anhelo de que la efusividad de tan elevado ejercicio de autoridad y legitimación pudiera hacerse un hueco en los libros de la historia, pero parece ser que no, que los propietarios de la misma han decidido sofocar las llamas con frío glacial. 
         
              Como un canto de cisne, acabo de leer un par de los mejores artículos de los últimos tiempos, pero apenas llegado a la postreta línea del segundo de ellos, me he dado cuenta de que el asunto ya se antoja más prescrito que vigente, que la última rebanada de sol veraniego se acaba de esconder tras el confín más occidental y que las luces rojas ya se han desvanecido del todo. 
         
          En fin, si aún quedan vivos en el campo de batalla y ganas a estas alturas de la resaca, ahí dejo dos de las mejores argumentaciones sobre el asunto que han aparecido estos días: Para mito, el de que las deudas siempre se pagan, de Isaac Rosa y Grecia pone a europa en su sitio, del inigualable Javier Gallego.  

"Pues no, perdonen: lo de que las deudas son sagradas es un mito tan cierto como las mil formas en que Zeus fecundaba a sus ninfas favoritas. La historia económica está llena de impagos de deuda a lo largo de los siglos. Prácticamente no hay país, entre los grandes, que no haya dejado de pagar una parte a sus acreedores en algún momento, bien sea tras una guerra, bien por una insolvencia total. España, sin ir más lejos, acumula más de una docena de suspensiones de pagos en el siglo XIX. Y entre los más recientes, la mismísima Alemania, que como bien se le recuerda estos días, vio cómo le condonaban buena parte de sus deudas al terminar la II Guerra Mundial."


"Contaban con cargarse a Syriza y seguir con sus políticas sin oposición alguna. Ahora no tienen a un gobierno en minoría sino a la mayoría del país en contra" (...) "También trinan porque los que votan han descubierto que se puede votar en contra. Es histórico por inédito. Por primera vez unos ciudadanos europeos han tenido la oportunidad de expresarse en las urnas sobre la austeridad y han dicho basta. El antecedente que querían evitar se ha producido" (...) "La opinión pública europea ha visto que es posible levantarse, oponerse a la troika y ponerla en aprietos. Es posible enfrentarse a los billetes con papeletas" (...) "Es una victoria más simbólica que real pero en política los símbolos sientan jurisprudencia. Grecia ha roto con la sentencia que nos condenaba a veinte años de hastío".

        Un deleite para buenos paladares, razones de las que no se encuentran en la prensa convencional. Disappearing tail lights.

       Y, por supuesto, la propina por la lectura: el tema de Gord Bamford que da título a la entrada.




¿HAY ALGUIEN MÁS?



         ¿Debo creer que soy el único que alberga la sospecha de que el episodio griego de este fin de semana no es más que la punta del iceberg de un proceso bien medido, perfectamente orquestado, de americanización del viejo continente? Una americanización en la que los pobres PIGS no resultan más que un incómodo estorbo para los países ricos, en la que el estado de bienestar es un botín que saquear a manos llenas y en la que la democracia pasa a convertirse en una mera liturgia. Biblia y dólares al otro lado, austeridad calvinista y euros a este. Miedo y codicia. La doble cara de la moneda capitalista.

          Yo no paro de darle vueltas en la cabeza.

          Y no dejo de aterrarme ante la perspectiva de verme, vernos, indignamente expulsados del viejo paraíso de los derechos por una pléyade de mercaderes avariciosos portadores de la vieja moral del tendero fenicio. Un megacentro comercial, repleto de casinos, entre los Pirineos y los Urales, y un populacho dedicado exclusivamente a currar, consumir y votar en Eurovisión (como tan certeramente apunta David Torres en su última perla). Un apocalipsis a la vuelta de la esquina.

          En un famoso chiste de Eugenio un individuo cae por un barranco y ase una frágil rama mientras grita en pos de ayuda ¿”hay alguien?” Y cuando una voz, que dice ser dios, le ofrece dejarse caer para ser recogido en pleno vuelo por sus ángeles, el individuo repite su pregunta, “vale, ¿pero hay alguien más?

          Así, con ese mismo humor tragicómico, reitero yo la verbalización de mi angustia: ¿no hay nadie más (que piense -y tema- lo mismo)?

MEMORIA SECUESTRADA



       Entre la corte de Ordoño y la bimilenaria Augusta se extiende una autopista de peaje cuya historia constituye el paradigma del comportamiento intelectual de muchos de nuestros congéneres patrios ante la convulsa situación que padecemos. La autopista en cuestión encabeza el ranking de los peajes más caros de la piel de toro y en su día se hizo famosa porque su recate y posterior liberación de tan alta tasa circulatoria fue quimera electoral del anterior presidente del gobierno. Finalmente no alcanzó a cumplir su palabra y a cuenta de tan indigno pecado acabó vituperado hasta el escarnio por sus paisanos leoneses, muchos de los cuales, miembros del famoso séquito de los abducidos y bastante ebrios de una derechización casi genética, no escatimaron esfuerzos para culpar a Zapatero por los cinco eurazos que hemos de pagar cada vez que intentamos recorrer los 30 kilómetros escasos de esa calzada de oro.