DIÓGENES DE SÍNOPE: "Apártate que me tapas el sol".


      La base de su forma de pensar, comportarse y, en especial, expresarse tiene que ver con la corriente de pensamiento que puso en boga la secta cínica, allá por el siglo IV a.c., una época particularmente prolífica para el desarrollo de los saberes filosóficos clásicos.
     A grandes rasgos, la filosofía de Diógenes se basaba en el desprecio hacia dos ámbitos muy diferenciados: todo lo que nos resulta accesorio y todo lo relativo al poder.
     Ello se plasma en su ascética forma de vida, tan entregada al desprendimiento que se pasó la mitad de ella sin vestimenta alguna y cobijado simplemente por la redondez de un tonel de vino. No cabe duda que un personaje que viviera de esa manera, además de recordar mucho a un caracol humano, no podía indudablemente pasar desapercibido para quienes se cruzaran en su camino. La pregunta surge por sí sola (y estoy seguro de que ya ha pasado por la mente de muchos lectores): ¿cuántos de nosotros nos atreveríamos hoy día a vivir de esa manera? Antes de que la respuesta nos llegue siquiera a los labios, una segunda cuestión, decisiva porque zanja el tema de manera definitiva, nos asoma en la cabeza: ¿nos permitirían hacerlo?
     En su época, la mayoría de los habitantes de Atenas creía que Diógenes no era más que un pordiosero venido a menos que había perdido la cordura. A nosotros nos pasaría lo mismo si intentáramos imitarlo, pero en la sabiduría de aquella época, hubo quienes sintieron una profunda admiración y respeto por Diógenes, sencillamente porque se atrevía a vivir de acuerdo a sus ideales, algo de lo que la inmensa mayoría era incapaz. ¿Acaso no vemos y vivimos este mismo problema cada día en nuestro mundo actual?
     La culminación de la obra maestra cínica de Diógenes se consumó el día en el que decidió burlarse de todos cuantos le consideraban loco y comenzó a recorrer las calles blandiendo un candil que iluminara su búsqueda de un hombre honesto y de verdad, en lo que a mí me parece el antecedente más claro de la famosa frase bíblica (si es que eran como los japoneses y los chinos, que lo copian todo) el que esté libre de pecado
     No hay mejor forma de cerrar una reseña vital del transgresor Diógenes que recordando su celebérrimo encuentro con Alejandro Magno en donde muestra una radical separación con el mundo de los políticos. Esta anécdota refleja claramente que el sabio no necesita nada de los poderosos y que está muy por encima de las riquezas materiales y de la ambición del poder, de esa presa muerta que los carroñeros se pelean sin percatarse de lo feo y absurdo de su comportamiento. El encuentro de aquellos dos mundos vitales, de dos formas de vivir y pensar, de dos condiciones humanas, de un dios y un miserable, de lo infinito y lo minúsculo tuvo un desenlace tan maravilloso, tan propio de guión peliculero de Hollywood, que no debería dejar de guiar nuestros pasos por esta vida en la que los poderosos pretenden hacernos añicos en cuanto nos descuidamos. Permitidme poner al relato la voz de Plutarco, su mejor narrador:

    Congregados los griegos en el Istmo, decretaron marchar con Alejandro a la guerra contra Persia, nombrándole general; y como fuesen muchos los hombres de Estado y los filósofos que le visitaban y le daban el parabién, esperaba que haría otro tanto Diógenes el de Sínope, que residía en Corinto. Mas éste ninguna cuenta hizo de Alejandro, sino que pasaba tranquilamente su vida en el barrio llamado Craneto; y así hubo de pasar Alejandro a verle. Hallábase casualmente tendido al sol, y habiéndose incorporado un poco a la llegada de tantos personajes, fijó la vista en Alejandro. Saludóle éste, y preguntándole enseguida si se le ofrecía alguna cosa, "muy poco —le respondió—; tan solo que te apartes porque me estás tapando el sol". Dícese que Alejandro con aquella especie de menosprecio quedó tan admirado de semejante elevación y grandeza de ánimo, que, cuando retirados de allí empezaron los que le acompañaban a reírse y burlarse, él les dijo: "Pues yo a no ser Alejandro, de buena gana fuera Diógenes".

Sublime.

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