BEN FRANKLIN: Negociando criminales.





No se me ocurre mejor manera de presentar a Benjamin Franklin que dejando que sus propios escritos hablen de él. Después de muchos años de estudiar su obra y su extensísima personalidad, desparramadas ambas por un sinfín de ámbitos, he llegado a la conclusión de que ese es, precisamente, el mejor vehículo de acercamiento a tan complejo personaje.
Ninguno de sus otros escritos es comparable con la excelencia de su “Autobiografía”, o con la profundidad de “El camino a la riqueza”, pero para un lector que nunca haya acertado a tropezar con tan brillante autor tal vez lo mejor sea comenzar por algo más ligero y atractivo a la vez. Ahí queda una dosis de veneno. Ojo que engancha.


EXPORTACIÓN DE CRIMINALES A LAS COLONIAS
Benjamin Franklin (bajo seudónimo)

Por un pasaje, en uno de los últimos números de su periódico, veo que nuestro Gobierno en Inglaterra no está dispuesto a consentir, a nuestras descabelladas Asambleas, hacer ninguna ley que impida, o haga disminuir la importación de presidiarios de la Gran Bretaña por la humanitaria razón de que estas leyes van contra el servicio público, pues tienden a impedir el progreso y la buena población de las Colonias.

Tan tierno y paternal interés de nuestra Madre Patria por el bienestar de sus hijos, merece la más entusiasta recompensa de gratitud y obediencia. Todos deben de conmoverse con esto, pero se dice que en nuestras circunstancias actuales es absolutamente imposible que nosotros hagamos nada que corresponda a tan alto favor. Por mi parte lo reconozco; pero, sin embargo, hagamos un esfuerzo para mostramos agradecidos. La buena intención ya es algo.

En algunos lugares deshabitados de estas provincias, hay grandes cantidades de esos reptiles menores que llamamos culebras de cascabel; reos convictos desde el principio del mundo. A éstos, allí donde los encontramos, los condenamos a muerte, en virtud de aquella antigua ley de "La quebrantarás la cabeza." Pero como ésta es una ley sanguinaria y puede parecer excesivamente cruel, y como, por perversas que sean estas criaturas con nosotros, puede suceder que cambien de naturaleza si cambian de clima, yo propongo con humildad que esta sentencia general de muerte se cambie por la de deportación.

Durante la primavera, cuando estos reptiles salen de sus agujeros, se encuentran débiles, torpes, y se dejan coger fácilmente; y si se concediera una pequeña prima por cabeza, podrían coleccionarse unos cuantos miles anualmente y transportarles a Inglaterra. Una vez allí yo propondría que se distribuyeran cuidadosamente en St. James's Park, en los Spring Gardens y en otros lugares de los alrededores de Londres; en los jardines de la nobleza y de la clase media de toda la nación, pero especialmente en los jardines del Primer Ministro, de los ministros del Comercio y de los miembros del Parlamento, porque naturalmente es a ellos a los que estamos más especialmente obligados.

No creo que haya proyecto humano tan perfecto, que no puedan hacérsele algunas observaciones. Sin embargo, cuando en un proyecto predominan las conveniencias, éste se juzga racional y apto para ponerse en ejecución. También se han puesto reparos al excelente y sabio Decreto del Parlamento, por virtud del cual todos los calabozos y mazmorras de Inglaterra se han vaciado en las Colonias. Se ha dicho que estos ladrones y bandidos introducidos entre nosotros, pervierten la moral de la juventud de los alrededores donde se instalan y que cometen muchos horrendos crímenes. Pero no dejemos que los intereses particulares entorpezcan la Utilidad pública. Nuestra Madre sabe muy bien lo que nos conviene. ¡Qué significa un pequeño escándalo en una casa, una ratería en las tiendas o un robo en el camino real; qué importancia tiene de cuando en cuando un hijo pervertido y ahorcado, una hija seducida y sifilítica, una esposa apuñalada, un marido degollado o una criatura con la crisma destrozada de un hachazo, comparado con el progreso y la buena población de las colonias!

Tal vez se pongan reparos a mi esquema también, tales como que la Serpiente de Cascabel es una criatura dañina y que eso de que cambie de naturaleza con el clima, es una mera suposición que todavía no ha logrado confirmarse. ¿Pero entonces qué? ¿No es el ejemplo más prevaleciente que el precepto? Y si al familiarizarse con estos reptiles aprende la honrada y tosca clase media inglesa a arrastrarse y a insinuarse, a babosear y a retorcerse en cualquier sitio (y quizás a envenenar a los que se interpongan en su camino). Cualidades nada despreciables para cortesanos. ¿Qué significa en comparación de tan gran progreso y utilidad pública, que de cuando en cuando perezca un niño víctima de un venenoso mordisco... o incluso que fallezca un perrillo faldero mimado?

No me queda por añadir sino que esta exportación de criminales a las colonias puede considerarse como un Comercio, aunque con la apariencia de un Favor. Ahora bien, todo comercio implica un intercambio; la Justicia lo exige, sin ello no podría haber comercio y las Serpientes de Cascabel parecen la más adecuada recompensa a cambio de las Serpientes humanas que nos envía nuestra Madre Patria. Sin embargo, en ésta, como en algunas otras ramas del Comercio, las ventajas serán para ella, pues obtendrá los mismos beneficios sin el riesgo de las inconveniencias y peligros. Porque las Serpientes de Cascabel avisan antes de lanzarse al ataque, cosa que los reos criminales no hacen. A sus órdenes.


Americanus
Pennsylvania Gazette, 9 de mayo de 1751.

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